La distancia

Otra vez la distancia… esa que a la vez nos une y nos separa, es de nuevo el motivo que junto con las circunstancias, me tiene alejada del blog.

Hace dos meses estábamos felices planeando todo para el primer viaje de mis padres a Alemania, -y el tercero a Europa-, cuando de pronto, estando trabajando en un circuito de motos en Croacia, recibí un mensaje por whatsapp de mi hermana menor avisándonos que mis papás, hermana, sobrinos y cuñado habían sufrido un accidente automovilístico.   Gracias a mis buenos amigos del colegio, (¡Hace casi 40 años que los conozco!), en cuestión de 20 o 30 minutos recibí información sobre el estado en el que llegaron al primer centro de salud en el que fueron atendidos, en un pueblo de Colombia llamado Pailitas.  Luego de los primeros auxilios para mis papás y mi hermana que eran los más lesionados, vino el traslado al hospital de segundo o de tercer nivel más cercano…  Los llevaron a Valledupar en ambulancia, a 4 horas y media.

En Colombia la atención médica especializada se centra en las ciudades principales, con poblaciones de más de 500 mil habitantes. Aunque en Colombia hay excelentes médicos y técnicas médicas muy modernas, lastimosamente no es lo mismo que en Alemania, donde se tiene la ventaja de tener un hospital cada 20 o 30 minutos.

Mientras tanto, yo venía de regreso Croacia-Alemania, buscando en cada estación de gasolina de Croacia, Eslovenia y Austria alguna conexión a internet para poder contactar a mi familia.  ¡Qué desesperación!

Después de dos semanas hospitalizados, logré organizarlo todo para viajar a Colombia a visitar a mi familia, ayudar en lo que se pudiera y por supuesto hacer fisioterapia intensiva.  Sólo mis 3 hermanos sabían que yo llegaría, y mis jefes, ¡claro! a quienes les expliqué la situación y no me pusieron problema para ir a Colombia dos semanas.  Mis papás recibieron una sorpresa agradable -espero- y de paso les hicimos prueba de corazón con la impresión que se llevaron.  Dos semanas después, tuve que dejar a mi familia apenas recuperándose, y otra vez sentí como se nos rasgan los corazones en otra despedida, con la esperanza del próximo reencuentro.

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Despedida en el aeropuerto en Colombia… falta un sobrino.

Mi mamá ya está bastante recuperada. Las suturas de piel van sanando, aunque todavía le duelen muchos músculos, incluso los que no sabía que existían.  Mi papá por su parte está re-aprendiendo a caminar, a escribir, a comer…  Se podrán imaginar que como hija y como fisioterapeuta estar lejos en estas circunstancias es durísimo.  A veces me pongo muy regañona con mis hermanos, y mis papás, pero quisiera que todo funcionara bien y que la recuperación fuera más rápida de lo que desde aquí parece suceder.  Les ofrezco disculpas públicas por todo lo que los molesto, más de lo normal en estas circunstancias, pidiéndoles que vayan a tal o cual especialista, y que me manden fotos y videos de todos los cambios, entre otras cosas.

Me duele seguir los progresos desde lejos, pero es el precio que se paga por vivir fuera de casa. Cada día le hago chistes a mis pacientes sobre lo bien que me vendría la famosa “teletransportación” de Mr. Spock, un favorito de mi papá, y se me rompe el corazón al pensar que tengo que atender a tantos pacientes -desconocidos en edades similares a las de mis papás-, que como pueden me hacen reír cada día con sus historias.

Les dejo con un precioso video de Alba García*,   que me recuerda tristemente que muchas veces soy -o al menos me siento- la hija invisible, la tía, la hermana, la amiga que nunca está ahí…

*Alba García: comunicadora audiovisual de Alcoy, España, quien reside en París.   Espero que este video les llegue al corazón, tal y como me llegó a mí. ¡Gracias Alba!